Voy a seguir escribiendo artículos. Pero después de casi un año intentando arrojar un poco de luz en este blog a las personas que sufren por desamor (nunca se sufre por amor sino por desamor), siento la necesidad de llegar un poco más lejos y establecer una comunicación más directa, más… ¿personal? No sé.

Amo el lenguaje escrito pero también el lenguaje audiovisual. Un vídeo puede resultar altamente motivador, me encanta la combinación de imagen y música que despierta los sentidos y eleva el ánimo. No suelo hacer todos los que yo quisiera por falta de tiempo, pero en los que hago vuelco todo mi entusiasmo y cariño. Saber que mi vídeo sobre las 9 claves para superar una ruptura ha superado las 65.000 visitas en Youtube en once meses no me llena tanto de orgullo como de agradecimiento. La respuesta de la gente, el calor humano que percibo en cada email o comentario, es una recompensa que no tiene precio.

He querido agradecer esa respuesta y ese calor con un regalo. Tenía ganas de hablar más que de escribir, quería enfatizar los puntos que considero importantes con mi voz y no sólo con letra en negrita. El resultado es un audio, TOTALMENTE GRATIS, sin alardes técnicos pero con sinceridad y cariño. Quiero darte pautas concretas para que se te pase el malestar y recuperes la ilusión y la esperanza desde ya. Pero hay una parte que depende de ti, no es lo mismo limitarte a escuchar esas pautas que empezar a aplicarlas en tu vida.

En ResucitaDeTuRupturaAmorosa.com está el regalo sorpresa. Si te animas, que lo disfrutes. Pero sobre todo ponlo en práctica si quieres empezar a ver cambios en tu situación. Lamentarse no es malo, todos necesitamos desahogarnos. Pero después es necesario hacer algo más

Evitar una rupturaNos pasamos la vida intentando agradar a los demás. A nuestros padres, a nuestros hijos, a nuestros amigos, a los compañeros del trabajo e incluso a las personas que no conocemos. Cuando elegimos una forma de vestir o de peinar, cuando intentamos mantenernos en buena forma física o retrasar el natural proceso del envejecimiento, buscamos sentirnos lo mejor posible con nosotros mismos pero también la aprobación de los demás, su tácita o expresa aquiescencia. El ser humano es así de paradójico, su egoísmo es la causa de las guerras, de los conflictos, del dolor infligido a los otros y de los desencuentros personales. Y sin embargo casi nadie es malvado por naturaleza o placer. Los seres humanos estamos, esencialmente, hambrientos y sedientos de amor, necesitamos desesperadamente recibir ese amor pero también nos sentimos incompletos (y vacíos) si no se nos da la oportunidad de expresarlo y darlo.

Esto es más evidente todavía en las relaciones sentimentales. Cuando nos enamoramos, o creemos enamorarnos (porque a veces nos engañamos), nuestro impulso inicial es el de darlo todo a nuestra pareja. No hay límites en nuestro propósito de entrega, y las promesas de amor eterno no son mentiras porque se gestan en los recovecos más profundos del corazón y son pronunciadas mirando fijamente a los ojos, sin eludir la mirada. Pero cuando el tiempo pasa la magia da paso poco a poco, de manera casi engañosa por lo imperceptible a nuestros sentidos, a una creciente rutina en la que se imponen la realidad y los retos o desafíos de la vida diaria. Lo de “contigo pan y cebolla” sólo funciona las primeras semanas, o con suerte los primeros meses. Hay que trabajar, hay que buscar el sustento y pagar la hipoteca o librarse de las deudas. Hay problemas que afrontar, surgen obstáculos, el ritmo impuesto por las exigencias de las sociedades modernas no ayuda y los pequeños seres humanos ávidos de amor y reconocimiento, necesitados de encontrarse a sí mismos en el otro, empiezan a sentirse desorientados y confusos, a menudos perdidos, ante una avalancha de compromisos (laborales, sociales, familiares…) que parecen superar sus capacidades.

En este contexto parece casi imposible permitirse el lujo de cultivar el amor, porque el amor requiere dedicación y constancia, la metáfora de la flor del jardín que debe ser regada y mimada a diario es vieja pero no deja de ser cierta. A mucha gente le parece normal que el amor y la pasión de esos primeros meses acaben diluyéndose en sentimientos más comedidos como el cariño o la simpatía. A no pocas parejas les sucede que al cabo de unos años ya casi les avergüenza hablar de amor. El amor entre personas maduras o ancianas parece un concepto casi ridículo que en el mejor de los casos provoca una sonrisa condescendiente pero nunca cómplice. La pasión se la dejamos a los adolescentes, el amor es cosa de los jóvenes. Las parejas maduras, y con mayor razón las ancianas, conviven o simplemente se toleran “porque ya son muchos años de estar juntos”. Teniendo en cuenta lo corta que es la vida humana, no deja de sorprender lo efímero que puede llegar a ser un sentimiento cuyo poder todo el mundo conviene en que trasciende (o debería trascender, si es puro y auténtico) el paso del tiempo.

¿Qué es lo que falla? ¿Qué es lo que malogra tantos noviazgos y matrimonios? ¿Qué es lo que provoca tantas rupturas de pareja? ¿Qué mata ese amor que se creyó, y juró, eterno? Puede haber muchas causas, evidentemente: infidelidad, malos tratos, decepción, desengaño… Pero una de las principales (y estoy convencido de que una de las causas más frecuentes de ruptura) es la que nombraba al principio: “nos pasamos la vida intentando agradar a los demás”.

Cuando nos enamoramos de una persona, lo primero que intentamos es agradarla. Y este esfuerzo por agradar a la persona amada y lograr su aceptación a menudo induce a dos grandes errores: primero, el de no mostrarnos como realmente somos sino como la persona que creemos que él o ella puede admirar y respetar; segundo, el de hacer concesiones a nuestra pareja que no corresponden exactamente a nuestra naturaleza. En ambos casos estamos, aunque sea de forma inconsciente, engañándola y engañándonos. Sólo seremos capaces de ofrecer esta imagen y de hacer las concesiones asociadas a ésta durante un tiempo limitado. Pasado este tiempo, y especialmente cuando se imponga la convivencia que desenmascarará unas poses imposibles de mantener las veinticuatro horas del día, acabaremos mostrándonos tal cual somos, sin el glamour del actor o la actriz.

Esforzarse en intentar agradar al otro cuando todavía no hemos superado la asignatura básica, que es la de querernos a nosotros mismos y aceptarnos como somos (por supuesto que hemos de intentar ser cada día mejores, pero siempre desde la aceptación), acaba conduciendo al fracaso de las relaciones personales. Si queremos que cualquier proyección de nosotros mismos en el entorno en que nos desenvolvemos sea una proyección positiva y con resultados felices, lo primero que debemos aprender es a trabajarnos con ese fin. Desafortunadamente, solemos irnos de un extremo al otro: o estamos tan pendientes de las necesidades (y, por qué no decirlo, caprichos) de nuestra pareja que acabamos renunciando a nuestra propia individualidad, o nos explayamos en nuestros propios egoísmos y caprichos olvidando las verdaderas necesidades del ser que creemos amar.

Las claves para evitar una ruptura a corto o largo plazo (y cuando hablo de ruptura hablo también de aquellas parejas que siguen juntas a pesar del cansancio y el desgaste del amor) son:

1. Muéstrate desde el principio como eres. No ocultes tus defectos y no caigas en la tentación de ofrecer una imagen idealizada de ti mismo a la persona que amas.

2. No renuncies a tus gustos, hobbies o pasiones por la persona amada. Si te ama de verdad, los aceptará.

3.  Por las mismas razones, acepta a tu pareja tal como es sin intentar manipularla o cambiarla para ajustarla a tu “imagen ideal”.

4. Acepta y respeta también sus gustos y pasiones aunque no coincidan con los tuyos, puedes sorprenderte haciéndolos un día tuyos.

5. Recuerda que todo funciona “de adentro afuera”. Lo que sea que esperes de tu pareja empieza a aplicártelo a ti mismo. Si quieres que sea comprensiva, primero sé comprensivo.

6. Si estás en crisis con tu pareja, deja de buscar soluciones externas: transfórmate a ti mismo para transformar la crisis en una oportunidad de cambio.

7. Si la ruptura es inevitable, deja de quejarte y de culpar a tu pareja o culparte. Identifica el error y transmútalo para no volver a cometerlo en tus futuras relaciones.

Aprende a ser tú mismo o tú misma. Acéptate primero para quitarte la máscara después. Nunca te arrepientas de haber amado y jamás renuncies a seguir amando.

José M. Guillén

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Superar una ruptura agradecimientosÉstos son algunos de los comentarios que he recibido de las personas que han escuchado el audio de regalo que tú también puedes descargarte o escuchar online simplemente visitando este link:

-Les agradesco por el material me sera de mucha ayuda… (Sergio)

-expectakular (Sky)

-Queridos/as amigos/as,

Mil gracias por las palabras compartidas, los sentimientos encontrados, la alegria de sentir que podemos.

Un abrazo y mucho ánimo. (Ana)

-BUENA LA REFLEXION (Consuelo)

-exelente tranajo y la verdad espero si me sea de utilidad en estos momentos por el cual estoy pasando, gracias por pensar en nosotros!!! (elaine)

-Grasiias ♥ (Abby)

-mil gracias, este audio a sido justo lo que yo necesitaba, tengomucho que reflexionar pero usted es un angel que Dios a puesto en mi camino al darme este audio, mil gracias , dios le bendiga (noemi)

-Excelente el audio! sinceramente me ayudó bastante. De verdad es un gran soporte y una gran ayuda al corazón roto, cuando pensás que no podés ver la luz al final del tunel y todo está mal, y lo unico que queres es poder arrancarte ese dolor insoportable del alma y poder ser feliz otra vez, como eras antes de tener este vacio insoportable adentro. Sinceramente es un gran aporte a la humanidad lo que Ud.hace. Millones de gracias! :) (Claudia)

-Muchas gracias por este regalo que estoy segura nos servirá de mucha ayuda a las personas que estamos pasando por una sitiacion dolorosa como es una ruptura de pareja.Gracias de corazon. (Manuela)

-Muchas gracias por este maravilloso audio, me llega en un momento crucial en mi vida ya que estaba a punto de cometer algunos errores que a pesar de saber que no debia hacer, necesitaba escucharlo de alguien.

Muchas bendiciones y un millon de gracias, seguire escuchado esto cuantas vecs sea necesario hasta que pueda volver a mirar de frente y sin resentimientos ni culpas. MUCHAS GRACIAS (Esperanza)

-Muchisimas gracias Jose .Me ha sido de gran ayuda escuchar tus consejos.Me he visto reflejado fielmente en muchas cosas que tú dices y espero poder seguir tus consejos para superar mi reciente ruptura,con éxito.No estábamos casados pero han sido cuatro años de convivencia.Días buenos y días malos en la relación unidos a circunstancias ajenas a nosotros nos han decidido a dejarlo de común acuerdo.
Desde Aragón ,aquí tienes todo mi agradecimeiento
Manuel (Manuel)

Honestamente, soy yo el que tiene que dar las gracias. Gracias por escucharme, confiar en mis palabras y aplicar mis consejos o al menos dedicarles un tiempo de reflexión.

Estoy convencido de que cualquier ser humano tiene el Poder para superar su ruptura amorosa (así como cualquier otro reto que se presente en su vida), un poder intrínseco que está en el interior de cada uno de nosotros y que es el que nos da la grandeza de superar todas nuestras debilidades y problemas si así nos lo proponemos. Sucede que a veces necesitamos la guía de otros que simplemente pasaron por la experiencia antes; pero el Poder (esa cualidad de supervivencia y superación innata e inherente a todas las personas) reside en ti y sólo en ti. Mira dentro de ti y descubrirás que siempre hay una luz en tus tinieblas.

Simplemente ignora la oscuridad y sigue la Luz.

Afectuosamente,

José M. Guillén

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Superar una RupturaHoy he estado viendo un documental del doctor Wayne W. Dyer. En realidad no es un documental sino la grabación de un programa que él mismo produjo y en el que, durante algo más de dos horas y media y ante un auditorio de algunos cientos de personas de todas las edades y razas, explica lo que es el Poder de la Intención. Es muy posible que algunos conozcan a Dyer; a quienes no hayan oído hablar de él les animo a que busquen información sobre este genial autor y conferencista y, sobre todo, a que lean alguna de sus obras. Wayne Dyer es cualquier cosa menos un charlatán o uno de esos falsos gurús de la Nueva Era. Es un hombre honesto, con la humildad de los sabios y un sentido del humor que regala frases dignas de las mejores comedias de Woody Allen (de hecho, mientras le veía y escuchaba no podía evitar que me recordara al protagonista de “Si la cosa funciona”). Pero ante todo, cuando uno oye sus palabras tiene la convicción de que es un transmisor de la Verdad. Una Verdad que transforma vidas con la única condición de conectar con ella y aplicarla cada día.

El Poder de la Intención es precisamente el título del vídeo, lo adquirí en DVD pero es fácil encontrarlo en Internet, por ejemplo en Youtube. Durante dos horas y media el doctor Dyer se limita a hablar pero lo que dice, y cómo lo dice, es tan fascinante que te mantiene pegado a la butaca (o al sofá) hasta el final. Ya es difícil, cuántas películas de Hollywood que duran mucho menos quisieran despertar la mitad de interés en el espectador. No hay rodeos en su discurso, ni paja que lo adorne, no sobra ni falta nada. Es un ejercicio admirable de oratoria, sencillo en la forma pero veraz (o más que veraz, revelador) en el fondo. Lo que expresa puede aplicarse a cualquier área de la vida, de hecho la división de la vida en áreas no es más que una clasificación humana, ya que la vida en cualquiera de sus manifestaciones forma una unidad.

Ahora vayamos directamente al fondo del asunto que angustia y desespera a cualquiera que haya ido a parar a este blog: la ruptura amorosa (término clave por excelencia de las búsquedas por Internet). U otros similares, poco importa porque significan lo mismo: separación, divorcio, desamor, ex pareja, relaciones tormentosas, corazón roto… Una situación, en definitiva, que nos desgarra el alma y rompe nuestros esquemas mentales y emocionales hasta el extremo de llegar a desestabilizar todas esas “otras áreas” de nuestra vida, como la alimentación, el sueño o el trabajo (precisamente por lo que decía antes, porque las áreas no existen y sólo son una ficción creada por la mente humana para clasificar, e ilusoriamente controlar, esa unidad que es la Vida). Pues bien, ya sólo en los treinta primeros minutos de su exposición Dyer suelta varias frases imperdibles. Veamos una de ellas:

La intención no es algo que hacemos, sino algo con lo que contamos.

¿Qué quiere decir con esto? Cuando, aplicado al leit motiv de este blog, nos enfrentamos a la dolorosa experiencia de una ruptura sentimental, nuestra intención (ya sea más fuerte o más débil, ya esté refrendada con acciones o se quede sólo en eso: en una intención, en un mero deseo) es la de superar ese dolor. No sabemos cómo (tal vez recuperando a nuestra pareja, tal vez superando su ausencia y recobrando el control de nuestras emociones y nuestra vida); pero sí sabemos que deseamos salir del pozo, tirar hacia adelante y volver a ser felices, o al menos entrar en un limbo de indiferencia que no nos destruya. Ésa es nuestra intención. Es algo que queremos hacer. Ni idea de cómo hacerlo, pero es lo que queremos. Ahora bien, ¿qué pasaría si entendiéramos nuestra intención como algo más que una voluntad o un mero deseo? ¿Cuánto cambiarían las cosas si interpretáramos la intención como un Poder, un Poder que nos acompaña desde nuestro nacimiento hasta el fin de nuestra vida terrenal y que manifiesta nuestro deseo sólo por desearlo? ¿Cómo nos sentiríamos si tuviéramos la certeza de que nuestro anhelo es ya una realidad, temporalmente invisible pero no menos real por empezar a existir en un plano que nuestros ojos todavía no pueden ver? ¿Te preocuparían tus deudas si tuvieras la certeza de que tu futuro te depara riqueza? Hablo de la misma certeza que tienes cuando conduces el coche de vuelta a casa y sabes que tu casa va a estar ahí, en el mismo sitio que estaba cuando la dejaste por la mañana para ir al trabajo.

No es lo que hacemos, no se trata de proponerse “voy a superar la ruptura con mi pareja y el dolor que me ocasiona”. Porque pensar que “voy a superarlo” es lo mismo que admitir que “no lo he superado”. La Intención no es sólo una voluntad que puede cumplirse o no, la Intención es algo con lo que (ya) contamos. Es un Poder. De hecho, es el Poder, el mismo del que Jesús decía que es capaz de mover montañas. ¿Lo deseo así? Pues ya lo tengo. Sólo por desearlo, ya cuento con ello. Es algo con lo que contamos. “Cuenta conmigo”, te dice tu mejor amigo. Y tú confías ciegamente en que no te fallará… Cuando verdaderamente comprendes y asimilas el concepto, la incertidumbre y el miedo que proviene de esa incertidumbre simplemente se esfuman. En eso consiste el Poder de la Intención: ¿quiero esto?, ya lo tengo. Sólo por el deseo y por la consciencia del deseo. No sé si captas la diferencia pero es enorme: cuando piensas en términos de “voy a hacer esto o lo otro” estás pensando en términos de lucha y resistencia; pero cuando reconoces que como ser humano eres la expresión mundana de un Poder que va mucho más allá de lo mundano, no hay resistencia. Sólo hay certeza. Porque es Algo con lo que ya cuentas, algo que por tanto no has de esforzarte en conseguir, algo que te acompañará como ese amigo fiel hasta que alcances el objetivo que persigues, que es el de la estabilidad emocional y la felicidad amorosa. Algo que ya tienes. ¡Está ahí ya, sólo por tu intención!

Wayne Dyer dice: “Cuando alguien viene a mí lamentándose de sus actuales condiciones adversas, yo siempre le contesto: ¡Piensa en el final, piensa en el final!“. El presente (la crisis o ruptura con tu pareja y el dolor que te trastorna) no lo puedes cambiar chasqueando los dedos, no es tan rápido. O mejor dicho, sí lo puedes cambiar instantáneamente (con el Poder de tu Intención que incluye la certeza del final) pero tardará algún tiempo en manifestarse en el plano visible. Igual que Disney cuando creó al ratón Mickey: Mickey estuvo primero en su mente pero era su Intención crear un ratón y, después de algún tiempo, el ratón se manifestó primero en papel y luego en celuloide. El resto es historia.

No te limites a lamentarte de tu situación actual. Crea tu propia historia, con la ilusión y la certeza de los creadores que controlan su obra. Tu obra es tu vida. Cuando comprendas esto, no hay límites a tus deseos. Sólo has de hacer una cosa mientras esperas: ¡piensa en el final!

José M. Guillén

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Nota Importante: Sé que prometí un díptico de artículos en un par de días y que desde entonces ya ha transcurrido casi un mes. Lamento el retraso, del que algunos se han quejado con toda la razón. Circunstancias ajenas a mi voluntad han provocado este retraso pero ahora sí, en no más de 48 horas los artículos serán publicados en la web ResucitaDeTuRupturaAmorosa.com. Reitero mis disculpas y espero que los nuevos posts, que preparé con mucho cariño y mi deseo sincero de ayudar, os sean realmente de utilidad.

Superar una RupturaQuiero ayudar a la gente que está sufriendo lo mismo o más que yo sufrí. En ResucitaDeTuRupturaAmorosa.com podéis encontrar un díptico compuesto por dos artículos, dos nuevas entradas que en unas dos mil palabras (cinco minutos de lectura, no más) os van a proporcionar más información útil que muchos libros en los que tendríais que invertir varias horas de vuestro tiempo y por supuesto dinero.

En este díptico tenéis las claves para superar definitivamente vuestra ruptura sentimental o cualquier otro problema que aparezca en vuestras vidas. Como en todo, hay una parte que dependerá de vuestro libre albedrío, en vosotros (vosotras) está que lo leído se quede en mera teoría o empiece a transformar positivamente vuestra experiencia. A esa parte no puedo llegar.

Pero os aseguro que, si aplicáis al pie de la letra lo que quiero compartir con vosotros (vosotras), vuestra vida se transformará definitivamente y para mejor en un periodo de pocas semanas o pocos meses. La fe que tengo en lo que digo es tal que no me importa comprometerme con tal aseveración. Me mueve el corazón y la convicción.

¿Sabías que el antiguo código de los samurái (el Bushido) está plenamente vigente y puede aplicarse a cualquier área de nuestra vida?

¿Sabías que puedes convertirte en un samurái (una samurái) del siglo XXI, a pesar de no tener los ojos rasgados ni la piel amarilla?

Las grandes verdades no conocen tiempo ni espacio, son simplemente eternas.

En estos dos artículos están, repito, las claves para que mutéis vuestra angustia y desesperación en esperanza y felicidad.

Con mis mejores deseos para todos los que sufren por desamor y no ven ninguna luz al final del camino.

José M. Guillén

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Superar una RupturaHoy sólo quiero expresar mi profundo agradecimiento a todos vosotros. Somos número uno en Google, nos estamos acercando a las trescientas visitas diarias (nueve mil al mes) y el primer vídeo que hice con mucho amor va camino de los cincuenta mil visionados en Youtube. Entre los suscriptores directos al blog, los del canal de Youtube y todos los que han dejado su email en la web de ResucitaDeTuRupturaAmorosa para recibir el audio prometido, la cifra es de varios centenares.

De quienes han escuchado el audio sólo he recibido alabanzas y bendiciones. Estoy muy emocionado y a la vez agradecido, jamás imaginé semejante respuesta por parte de los asiduos al blog o a sus complementos. Tal vez es que puse todo mi corazón en esta empresa, quiero que la gente ya tenga recorrido al menos parte del camino que yo tuve que emprender desde cero. Hay otra parte que depende de cada cual y en la que yo no puedo entrar por intenso que sea mi deseo. Está relacionada con la faceta más íntima del ser humano y su libre albedrío para ser feliz o infeliz. Pero si puedo influir para bien al menos en un ínfimo porcentaje, me doy por satisfecho.

Mil gracias. Millones de gracias. A todos.

José M. Guillén

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ruptura con hijosCuanto más fuerte es el vínculo entre los amantes, más difícil es tragar el elixir amargo de la separación. Si al vínculo del amor se añaden otros lazos que comprometen todavía más la relación de pareja, la situación puede volverse verdaderamente complicada cuando el amor muere y se impone la ruptura. Entre esos condicionantes destacan dos, que son el matrimonio y / o la descendencia. Evidentemente el fracaso de un noviazgo o de una convivencia de hecho no tiene por qué ser menos doloroso que el fin de un matrimonio civil o religioso; pero el matrimonio tiene además unas consecuencias legales que, en el caso de su disolución, a menudo hay que afrontar en circunstancias de tormento psicológico, un tormento que puede agravarse en aquellas personas que pasaron por la Iglesia motivadas por una fuerte convicción religiosa o simplemente empujadas por convenciones y presiones sociales. Si hay hijos (con o sin matrimonio), el problema adquiere una dimensión todavía mayor tanto por los aspectos legales que atañen a éstos como por trascender la dualidad de la pareja.

En el último caso, es frecuente que uno o ambos padres se esfuercen por evitar a toda costa la separación o el divorcio, la mayoría de las veces por un deseo sincero de proteger a los hijos y no ocasionarles un trauma (un deseo que no es incompatible con otras preocupaciones, como el miedo a perder su custodia o a tener que pasar una cuantiosa pensión al ex cónyuge que, con razón o sin ella, obtiene el veredicto favorable de un juez). Los interrogantes que asaltan la paz y la conciencia en esa angustiosa tesitura pueden llegar a ser legión. He aquí algunos ejemplos: ¿Perderé a mis hijos y ya no podré volver a verlos? ¿Cómo le digo a mi pequeño que papá y mamá ya no pueden seguir viviendo bajo el mismo techo, cómo va a reaccionar y qué consecuencias va a tener para su futuro? ¿Qué van a pensar mis padres? ¿Con qué cara llevo a la niña al colegio y qué les contesto a los padres de sus amiguitos si me preguntan por su papá? ¿Cómo hago para criar yo sola al bebé si el xxxxx de su padre se desentiende de su responsabilidad para irse a vivir con su amante? ¿De dónde saco el dinero para pasarle una pensión a esta arpía que me quiere quitar a mis hijos, si estoy en el paro y ni siquiera cobro un subsidio? ¿Estoy pecando, yo que juré en el altar con Dios por testigo “en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte nos separe”? Ya no le amo pero está nuestro hijo… ¿Soy egoísta por querer divorciarme?

Docenas de interrogantes, verdaderamente. Miedo al futuro, al desamparo de los hijos, a perderlos, al que dirán, al menoscabo económico, al castigo de Dios… Todos miedos comprensibles, respetables, profusos como las gotas de lluvia en una tormenta. Lacerantes y torturadores. Pero volvamos a la pregunta que encabeza este post: ¿Debo salvar el matrimonio por mis hijos? La respuesta puede sorprenderte e incluso perturbarte, pero es… ¡NO! Si te has hecho esta pregunta alguna vez, debo decirte que la única razón por la que debes plantearte si todavía es posible salvar tu matrimonio, en el supuesto de que tú y tu cónyuge estéis atravesando una seria crisis, es el AMOR entre vosotros. Si existe una mínima posibilidad de salvar ese amor, te animo aquí y ahora a luchar por él con todas tus fuerzas; pero si está algo más que marchito, si está definitiva e irreparablemente MUERTO, deja de esgrimir a tus hijos como excusa para no afrontar este hecho. Cuando decides que lo mejor es sacrificarte “por su bien”, te estás engañando. No es el caso, repito, si todavía hay lugar para la esperanza de una SINCERA reconciliación. Pero sí lo es si el sacrificio consiste en fingir que no pasa nada cuando pasa, en dormir en la misma cama con una persona que te hace sentir mal o incluso te hace daño, en mantener un falso estatus de felicidad sólo para evitar habladurías y comentarios maliciosos. Si eres creyente te pregunto: ¿tú crees que Dios bendecería una farsa como ésta? ¿Tú de verdad crees que Dios desea que aguantes “en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte os separe” a alguien a quien ya no amas o que no te ama? El fundamento de esa promesa, de ese compromiso “eterno” es el AMOR. Y si el amor ya no existe, por una de las partes o por ambas, ese compromiso deja de tener razón de existir y por tanto validez e incluso refrendo divino. Porque Dios es Verdad, no Mentira ni Simulación. Y si no eres creyente, al menos creerás en la honestidad como fuente del bien y en su contrario como causa de males. Y tú lo que deseas para tus hijos es el bien, ¿cierto?

Entonces no te engañes. Si prolongas una situación de infelicidad por “el bienestar de tus hijos”, tarde o temprano ellos acabarán detectando esa infelicidad y haciéndola suya, porque papá y mamá no se quieren, sólo se toleran. O ni eso: están juntos pero no sonríen, están cerca pero están lejos. Conviven bajo el mismo techo y duermen en la misma cama, pero NO SE AMAN. Más tarde o más pronto se darán cuenta, porque son pequeños pero no son tontos. Y si no son pequeños, o crecen y maduran, lo verán aún con más claridad. Y algunos de ellos rechazarán (consciente o inconscientemente) esa falta de transparencia y honestidad; otros simplemente la reproducirán y puede que acaben siendo tan infelices como tú lo eres ahora, ahogados en un mundo falso y limitado por convenciones que asfixian la libertad personal y malogran el coraje de ser uno mismo.

¿Qué te preocupa? ¿Que acaben traumatizados? Si tú y tu ex sois capaces de resolver vuestras diferencias de una forma amistosa o al menos civilizada, ¿dónde está el trauma? ¿Te preocupa perder la custodia? En ese caso permíteme aclararte que la custodia y la patria potestad son dos conceptos distintos, puede que un juez determine que tu ex cónyuge es quien debe cuidar de vuestros hijos, pero eso no implicará la pérdida de tu patria potestad (tu reconocimiento legal y moral como padre o madre de ellos) ni te negará un régimen de visitas, salvo que hayas cometido alguna clase de abuso o delito que te prive de él (supuesto que doy por hecho no es el tuyo). ¿Temes perder alguna clase de “influencia” porque se limitará el tiempo que pases con ellos? Destierra ese temor si te consideras un buen padre o una buena madre, la afectividad no depende de la cantidad del tiempo compartido sino de la calidad de ese tiempo, y si tú haces tus deberes tu hijo o tus hijos no se alejarán de ti porque pases más o menos horas con ellos. Pocas o muchas, su respuesta (y agradecimiento) dependerá del valor del recuerdo, de la felicidad de la experiencia común. Y en virtud de este recuerdo, conforme se vayan haciendo mayores y madurando, te devolverán lo que les des.

No, no debes salvar el matrimonio por tus hijos. Debes amarlos y protegerlos, pero no estarás en condiciones de hacerlo si te obstinas en hacer flotar un barco que se hunde y consientes en que la convivencia con tu pareja (de hecho o de derecho) se limite a un acuerdo frío y calculado, sin verdadero amor, o lo que es aún peor, a una sucesión de desencuentros y tensiones propiciados por una relación forzada y forzosa.

La autenticidad exige valor. Pero la apuesta por la verdad es siempre una apuesta ganadora, a corto o largo plazo. Atrévete y gana… Por ti y por tus hijos.

José M. Guillén

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Superar una RupturaHoy voy a hablar de las ex parejas que se convierten en una especie de pesadilla por no aceptar la realidad de una separación o divorcio. Hoy vamos a observar y analizar la situación de una ruptura amorosa no desde el punto de vista del que se siente abandonado, sino del que toma la decisión de dar por terminada la relación y a partir de ese momento empieza a sufrir el acoso psicológico, el chantaje emocional, de la que otrora fue su pareja. ¿Qué hacer? ¿Cómo reaccionar, especialmente cuando tu ex se niega a aceptar todas las buenas razones que puedas darle y todos tus intentos por acabar la relación de una manera amistosa y sensata?

El desgaste psíquico puede ser enorme y la sensación de acoso puede llegar a ser asfixiante. Voy a ilustrarlo con un caso real, que por supuesto dejaré en el anonimato: Juan abandona el hogar por los motivos que sean y tiene dos relaciones extramatrimoniales sucesivas por falta de una. Elsa está desesperada porque aún quiere a Juan y está dispuesta a perdonarle todo con tal de que Juan vuelva a casa junto a ella. Pero él no contesta a sus constantes llamadas y mensajes o lo hace de mal humor, incluso a veces le dice a Elsa que le deje en paz e intente rehacer su vida con otra persona porque él ya no la ama y está perdiendo el tiempo y poniéndoselo difícil. Pasa un año entero, siguen separados pero todavía no han dado el paso del divorcio. Elsa se siente muy sola, el dolor le abrasa el corazón y acaba encontrando respeto y consuelo en otro hombre. Con el tiempo empieza a sentir amor por ese nuevo hombre que ha aparecido en su vida, todavía siente algo por Juan pero también sabe que Juan no quiere saber nada de ella y se impone la necesidad de apostar por su propia felicidad y su futuro. Al final Elsa se arma de valor y decide darlo todo por esa nueva relación que la hace feliz y le da un sentido a su vida, por ese hombre que la trata bien y sabe amarla y comprenderla.

Un día Elsa le comunica a Juan que quiere el divorcio. La separación se ha prolongado durante dos años y Juan parece estar cómodo así. Durante el último año a Juan no le han ido bien las cosas con sus escarceos amorosos, las relaciones no han prosperado. Juan empieza a sentir cierta nostalgia del pasado, a valorar cosas que en su día no supo o no quiso apreciar. Ahora es Juan el que insinúa la posibilidad de una reconciliación, el que (si la pareja tiene hijos) esgrime el bienestar de los niños como una razón de peso para olvidar infidelidades pasadas y recuperar la unidad familiar. Pero ya es tarde, Elsa está profundamente enamorada y, aunque amó con toda su alma a Juan, ya sólo quiere ser libre y darse una segunda oportunidad. Entonces Juan empieza a ponerse irracional y desagradable, ahora es él quien llama y deja mensajes en el móvil. Ahora es Juan quien empieza a hacer reproches, o quien llora desconsoladamente y asume el papel de víctima haciendo que Elsa, una mujer sensible y compasiva, se sienta una persona culpable y poco menos que adúltera. Juan ha tirado demasiado de la cuerda y la ha roto, ahora quiere enmendarla torpemente y no concibe que sea su mujer la que pida el divorcio. Se han invertido los papeles y Juan no puede aceptarlo.

Es un caso cien por cien real pero también es sólo un ejemplo. Pongo la mano en el fuego que más de uno (o una) se sentirá identificado (identificada) con esta historia. Siempre intento evitar el maniqueísmo, salvo contadas excepciones no hay buenos ni malos en los relatos de amor y desamor. Sí hay personas inmaduras o egoístas, o simplemente equivocadas, pero no malvados de película. Y sin embargo… ¡es tan grande el daño que puede hacerse!

Si has decidido dar por zanjada una relación y tienes razones para dar este paso, mantente firme en tu postura y no cedas al chantaje emocional, que a menudo es el fruto de la desesperación de tu pareja pero también, a veces, es un acto de manipulación disfrazado de desamparo y victimismo. Especialmente si tienes hijos, no dejes que nadie los utilice como un instrumento de ese chantaje sentimental que, si cedes a él, puede hipotecar el resto de tu vida y malograr tu felicidad. A los niños hay que protegerlos y buscar su mayor bienestar, pero no confundas la relación con tus hijos (vertical, si la representáramos en un gráfico) con la relación con el padre o la madre de ellos (horizontal, en ese mismo gráfico).

Cuando la ex pareja se obstina en negar la realidad de una ruptura (la realidad y la necesidad), las consecuencias de su sinrazón pueden llegar a ser extremadamente desagradables, además de prolongar innecesariamente una situación ya de por sí delicada y dolorosa para ambas partes (la que “abandona” y la “abandonada”). En semejante circunstancia sólo puedes hacer una cosa: examínate, mira en tu interior olvidándote de etiquetas y prejuicios sociales, y sobre todo del qué dirán, y si llegas a la conclusión de que tus razones son válidas y tus sentimientos puros… ¡ten el coraje de seguir adelante, por duro que sea! No permitas que las dificultades del proceso te hagan dudar o anulen tu voluntad. Concentra toda tu atención en el fin de ese proceso, en el desenlace. Piensa que, si obras con amor y sinceridad, Dios te bendecirá aunque tu ex pareja te maldiga.

José M. Guillén

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