Cómo Superar una Ruptura: los Inestimables Beneficios del Ejercicio Físico

Publicado: octubre 25, 2010 en Cómo Superar una Ruptura
Etiquetas:, , , , , , , , , , , ,

Cuando rompe con su pareja, una de las reacciones más comunes del ser humano, ya sea hombre o mujer, es la de “abandonarse”. La segunda fase de un proceso de ruptura es lo más parecido a haber caído rodando desde lo alto de una ladera: estábamos en lo alto, justo al borde, y cuando la relación sentimental llegó abruptamente a su fin fue como si alguien nos hubiera dado un empujón para arrojarnos ladera abajo. En el descenso nos llenamos de polvo y moratones y cuando llegamos abajo estamos tan maltrechos que parece que nos fallan las fuerzas para levantarnos. Durante algún tiempo, nos limitamos a permanecer tumbados boca arriba, sin entender muy bien qué es lo que ha pasado.

Yo la llamo la “segunda fase”. La primera dura lo que dura la caída. Mientras caemos nos lastimamos aquí y allá, nos ponemos perdidos de suciedad y se nos desgarra la ropa. Es la llamada fase del “duelo”, la de los llantos, la ansiedad, la desesperación y el dolor expresado a gritos. Sólo después, cuando el accidentado descenso llega a su fin, unos cuantos metros más abajo, es cuando nos quedamos tumbados como títeres rotos, sin movernos ni saber cómo reaccionar. Es una etapa de confusión, de pasividad, de dejadez.

La dejadez propia de esta segunda fase se extiende prácticamente a todos los aspectos de nuestra vida: comemos de cualquier manera, dormimos por puro agotamiento, descuidamos nuestra higiene personal, dejamos de ver a los amigos y llegamos a inventar excusas para faltar al trabajo. Casi no salimos ni nos relacionamos, pero en casa tampoco solemos hacer nada excepto darle vueltas y más vueltas a lo mismo. Si ponemos la tele, no nos enteramos del programa; si abrimos un libro, somos incapaces de leer más allá de las primeras líneas. Cualquier tarea del hogar se nos hace una montaña, y es muy habitual que se amontonen los platos sin lavar en el fregadero o que el cesto de la ropa sucia acabe desbordado. Es como si nuestra mente sólo estuviera programada para concentrarse en un solo pensamiento obsesivo, que además de producirnos dolor nos conduce a la inactividad.

Quedarse tumbado boca arriba intentado asimilar lo que ha pasado antes de empezar a mover un solo músculo es una reacción totalmente normal. Pero debemos evitar a toda costa que nuestra inactividad se prolongue demasiado, porque la apatía puede resultar en una depresión de la que no será fácil salir si el tiempo la convierte en crónica. Para sobreponernos lo antes posible a este estado y evitar el riesgo de la depresión, una de las estrategias más rápidas y eficaces consiste en algo tan simple como HACER EJERCICIO.

El ejercicio produce una sensación de bienestar, pero no sólo físico sino también psicológico. Esto último se debe a que estimula la producción de endorfinas, popularmente conocidas como “hormonas de la felicidad”. Las endorfinas son sustancias químicas segregadas por el cerebro y la hipófisis que tienen un efecto sedante e inhibidor del dolor. En el plano de las emociones, pueden influir en la percepción subjetiva de nosotros mismos y cuanto nos rodea potenciando las sensaciones de alegría y placer y ayudándonos a superar la tristeza y la tendencia a la depresión. Por otra parte, y aunque esto no está todavía corroborado por la comunidad científica, algunos estudios sugieren que el ejercicio físico aumentaría también la cantidad de neurotransmisores como la serotonina, cuyo déficit es la causa de muchos trastornos depresivos.

¿Cómo puedo ponerme a hacer ejercicio si tengo el ánimo por los suelos? Puede que se te haya cruzado esta pregunta en la mente mientras leías lo de arriba. Te contesto: tener el ánimo por los suelos es una buena razón para ponerse a hacer algo más que tenderse en la cama con los ojos pegados al techo. Y algo tan simple como el ejercicio físico te va a ayudar, como mínimo (y en sólo pocos días), a disminuir tus niveles de ansiedad… lo cual no está nada mal para empezar. Si perseveras, en unas semanas tu autoestima habrá aumentado enteros, y el ejercicio practicado con regularidad disminuirá drásticamente las posibilidades de caer en una depresión. Si le coges el gusto, puede que se convierta en una parte importante de un nuevo estilo de vida.

A continuación te ofrezco algunas pautas para empezar (si ya haces ejercicio o deporte regularmente, conoces de sobra sus beneficios, así que no permitas que romper con tu pareja suponga romper también con tus buenos hábitos):

-No es necesario que te machaques el cuerpo, ni que te obligues a practicar un deporte que no te gusta. Diez o quince minutos de ejercicio aeróbico ligero pueden ser suficientes. Lo más importante es la regularidad, si puede ser todos los días mejor que mejor.

-Al principio es muy probable que no te apetezca salir de casa. Vale, empieza ahí. Puedes hacer algo de bicicleta estática o incluso ponerte una música que te guste y bailar un cuarto de hora. Sí, hazlo, aunque no tengas ganas. En unos días las tendrás.

-Más adelante, a medida que te sientas mejor, sería bueno que salieras de tu encierro. Podrías apuntarte a un gimnasio, o a unas clases de yoga. Si eso no te apetece, puedes hacer bicicleta o jogging, o simplemente salir a dar un paseo de veinte minutos.

-Las posibilidades son infinitas, adáptalas a tus gustos e inquietudes, pero ¡MUÉVETE! Y hazlo todos los días. ¡Libera endorfinas!

No es el milagro ni la panacea que resolverá tu ruptura amorosa. Pero te va a ayudar, y mucho, a sentirte mejor. Es una buena medicina con resultados casi inmediatos, créeme. Además, es gratis o muy barata, y sin efectos secundarios. Inténtalo. ¿Qué puedes perder?

(Todos los comentarios son bien recibidos, también puedes suscribirte para estar al tanto de los nuevos posts que se vayan publicando. ¡Es gratis!)

José M. Guillén


Anuncios
comentarios
  1. laura dice:

    Me ha encantado este post porque, en mi caso, no puede ser más cierto. Nunca he sido una amante del deporte, más bien todo lo contrario. Sin embargo, después de mi ruptura, leí en una revista los beneficios del deporte para el estado de ánimo y, como estaba hecha una piltrafilla, pues no tenía nada que perder… Y es sorprendente, me ayudó un montón. Claro, el bienestar lo notas no mientras haces el deporte sino justo después. Y cuando estás medio depresivo todo el día, recuperar la sensación de bienestar y de relajación, aunque solo sea por un par de horas, es muy de agradecer.

    Lo increíble es que ahora me encanta el deporte, casi no puedo pasar un día sin él sin echarlo de menos. Nadar, gimnasio, lo que sea, pero hacer deporte. Benditas endorfinas y bendito deporte!

  2. Uruviel dice:

    Soy una persona que hace deporte habitualmente, podría decir que voy al gym o a correr 6 días a la semana. El gusto por esto lo adquirí cuando estando en la ciudad que vivo ahora (no en la que está mi familia) me quedé sin amigas por unas disputas y me agarré al deporte como vía de escape. Hace 10 días me dejó mi novia, sin esperarmelo me dijo que ya no me quería… la semana pasada la pasé llorando, gritando y casi llegando a la locura, apenas comía y mucho menos dormía por lo que enfrentarme a 1 h corriendo se me hacía imposible… hoy he vuelto a ir al gym, normalmente hubiera ido a dos clases, pero… bueno, mi cuerpecito todavía no está tan recuperado como para machacarlo… espero volver a mis buenas costumbres cuanto antes…
    Gracias por esta página, me ayuda ver la ilusión al final del túnel…
    Un abrazo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s