Hasta ahora he hablado de la ruptura amorosa, por mutuo acuerdo de los dos miembros de la pareja o por decisión unilateral de uno de ellos. Es el término, consentido o no, de una relación. El fin de una convivencia y de un proyecto de vida, la disolución de una sociedad. Las rupturas de noviazgos, los casos de separaciones y divorcios, son frecuentes en los países desarrollados. Las estadísticas demuestran que cada vez más frecuentes. Sin embargo, existe otra problemática, no por menos documentada menos real: la de las parejas que, casadas o no, se obstinan en seguir unidas a pesar de que es precisamente la unión forzada y forzosa la que las hace infelices.

No hace muchas décadas, cuando la emancipación femenina parecía una utopía y la mujer dependía económicamente del hombre, esa convivencia forzosa era una situación comúnmente aceptada que originaba frustraciones, dramas familiares y tragedias personales vividas “de puertas adentro”. Los dogmas de la Iglesia y las convenciones humanas pesaban como una losa, separarse era “pecado” y estaba mal visto socialmente (la preocupación por el qué dirán era, por obsesiva, casi patológica).

Con el tiempo, y afortunadamente, algo fue cambiando: las costumbres se relajaron, las políticas evolucionaron e incluso la Iglesia se vio obligada a adaptarse a los nuevos tiempos. La mujer se independizó, se incorporó progresivamente al mercado laboral e incluso empezó a ejercer profesiones y ocupar puestos tradicionalmente reservados al hombre. El acceso a la cultura y a la información se democratizó y se expandió con las nuevas tecnologías, como Internet. La sociedad se volvió más tolerante y cada vez más personas se atrevieron a defender su individualidad y a hacer valer sus derechos. Claro que fueron necesarias varias décadas para llegar a esto, y por descontado que no estamos viviendo en el “mundo feliz” de Huxley. ¿O sí? Porque, como en la famosa novela, rebosante de ironía, hemos conseguido unas cosas pero en el camino hemos perdido otras.

Es indudable, de todas formas, que en algunos aspectos hemos avanzado. Siguen existiendo situaciones, y no pocas, en las que temas ajenos a los sentimientos de la pareja (el dinero, los hijos, la presión del entorno, etcétera) imponen la continuidad de una relación disfuncional; pero dejando a un lado las influencias externas, la generación actual lo tiene más fácil que la de sus padres o abuelos, y sin embargo hay parejas que deciden seguir juntas a pesar de que el vínculo que las une les proporciona más dolor que felicidad. La pregunta es… ¿Por qué?

El miedo al cambio, un tema recurrente de este blog, es una de las principales razones. El refrán popular “más vale malo conocido que bueno por conocer” se aplica aquí con todas sus consecuencias. Nuestra pareja no nos hace felices, ni tampoco somos capaces de hacerla feliz, pero nos asusta tomar la decisión de una ruptura, porque es incómoda y dolorosa en sí misma y por la incertidumbre del cambio. ¿Qué pasará después? ¿Conoceré a alguien mejor para mí? ¿O pagaré el precio de mi error con la soledad? Estas y otras preguntas pasan por nuestra mente y, por miedo a dar el paso, nos quedamos con lo que conocemos.

La inseguridad, un motivo estrechamente relacionado con el anterior. El miedo, a lo que sea, siempre procede de la inseguridad. No estamos seguros del porvenir porque no estamos seguros de nosotros mismos. Cuando nos infravaloramos, las circunstancias siempre mandan. Las vemos como algo que escapa a nuestro control, no como algo que creamos con nuestros pensamientos, emociones y acciones. Por la misma razón, nos vemos como barcos a la deriva del oleaje en lugar de vernos como naves cuyo capitán controla su ruta manejando con mano firme un timón.

La comodidad. La instalación voluntaria en la rutina, que no nos convence ni mucho menos nos hace felices pero nos procura una “zona de confort” preferible a los vaivenes de la aventura inherente a la vida. Aquí somos perezosos, “comodones”, no nos importa demasiado pagar el precio de vegetar en vez de vivir plenamente. Olvidamos con alarmante facilidad que sólo tenemos una vida y es demasiado corta para perderla en banalidades, pero puede que con la vejez nos arrepintamos de aquello que no hicimos por simple… desidia.

La dependencia. La dependencia que a menudo se confunde con el amor, y que está muy relacionada con la inseguridad y la falta de autoestima. No “amamos a”, sino que “dependemos de”. No hablo de dependencia económica, sino emocional, afectiva. La pareja dependiente suele ser a menudo posesiva, celosa. En el fondo está proyectando en el otro sus propias inseguridades y miedos. No saber vivir “sin” es simplemente no saber vivir.

Quede claro que este artículo no es una apología de la ruptura. Pero, a veces, hay que saber distinguir entre algo que se puede arreglar y algo que es irreparable. Hay que aceptarlo, y hay que tener el coraje de zanjarlo. Si algo no te hace feliz, y no hace feliz a aquel o aquella a quien dices amar tanto, debes ser valiente. El amor es también renuncia.

(Comparte tu opinión o experiencia, no olvides que también puedes suscribirte para estar al tanto de los nuevos posts que se vayan publicando. ¡Es gratis!)

José M. Guillén

Anuncios
comentarios
  1. jon dice:

    11 años de novios conviviendo, de la noche a mañana,(para mi, ella ya lo tendria mamado) aparece una 3ra persona y me deja…deja la casa y nuestro proyecto de vida… estoy perdido, inseguro, no estoy seguro de lo que habia entre nosotros porque la verdad es que solo o con mis amigos estaba mas agusto… yo lo achacaba a los11 años de relacion…
    en casa… habia dias que solo con el sonido del timbre cuando ella venia, en lugar de alegrarme meentraba una pequeñaasnsiedad en latripa.
    tambien echabamos buenas risas pero….no lo se
    la perdi y mesiento mal, pero no tengo claro hasta que punto era amor o dependencia/compañia/etc.
    agradeceria una opinion…
    gracias

    • Jon, tú mismo te estás dando la respuesta: estabas más a gusto solo o en la compañía de tus amigos. Sí, fueron once años de relación que acabaron convirtiéndose en una rutina. Pero no te alegrabas cuando volvía a casa. Es sólo que las costumbres, especialmente las largas costumbres, son difíciles de romper. Y seguro que os echábais unas buenas risas, no todo iba a ser malo. Pero no, no era amor. Era dependencia. Ahora ha llegado el momento de que seas tú quien la dejes, déjala que se quede con esa tercera persona y emprende tu propio proyecto de vida. Sin ella.

  2. Abrí dice:

    Hola gracias por tus temas tan asertados precisos y claros!!!!!
    Tengo una relación de 8 meses con un hombre de 7 años mayor que yo, el cual tiene 3 hijas. Él vive con la mamà de las niñas pero me asegura que entre ellos ya no hay una relación, que duermen en cuartos separados y solo están juntos por el bien de las niñas!!!!
    Yo tengo 24 años y tengo una carrera universitaria la cual el no me deja ejercer porque dice (no tendremos tiempo para nosotros) ya que el trabaja de noche y la mañana la utilizamos para hablar por teléfono (él vive en USA y yo en México). Al principio nuestra relación comenso muy bien, yo sentío un gran amor por él, pero siento que esta relación me esta acabando, ya no me siento la misma y tampoco feliz :(!!! Mi novio no me daja salir con mis amigos a ningún lado apenas y le parece cuando salgo con mi familia. Me siento sola porque ya no veo a mis amigos, ya no hago nada de lo que me gustaba hacer, no trabajo, solo me quiere tener encerrada en mi casa! Cuando yo lo confronto o expreso mi inconformidad, el se hace la víctima y logra hacerme sentir mal… Es una persona muy chantajista!!! Yo lo amo mucho porque en sus cualidades es muy atento y cariñoso. Además ya me entrego un anillo de compromiso desde hace 4 meses!!! El dice que me amo mucho pero últimamente peleamos por todo, yo ya no aguanto que me tenga tan sometida y el no soparta que yo me revele!! Creo que el no debería portarse así conmigo porque yo lo estoy aceptando con sus hijas y en la situación que vive con la mamá de ellas!!!! Tenemos planes de casarnos en diciembre o principios del próximo año. Pero, necesito un consejo, creo que la relación ya esta muy desgastada y los 2 muy cansados de discutir!!!!
    Puedes darme un consejo, no se si seguir adelante o terminar esta relación???? He bajado mucho de peso y mi pelo se esta cayendo :(. No estoy bien y temo enfermarme!!!

    • Si quieres un consejo sincero, no te cases con este hombre porque te hará profundamente infeliz. Amor y posesión son dos conceptos diametralmente opuestos, porque el amor es entrega y el afán de poseer al otro sólo proviene del egoísmo. Nadie es quién para forzarte a dejar tus estudios o tus amistades, no importa cuánto disfrace su gran egoísmo con palabras dulces y actitudes cariñosas. Atrévete a poner las cosas en su sitio y dejarle bien claro que no estás dispuesta a renunciar a tus intereses en la vida ni a dejar de ser tú misma, ni por él (aunque le quieras) ni por nadie. Si puede aceptarlo, adelante pero con cautela, ya que es necesario el transcurso del tiempo para demostrar la sinceridad o no de su aceptación. Si rechaza tu legítima reivindicación, zanja la relación por mucho que te duela porque te aseguro que evitarás males mayores a medio o largo plazo. En cualquier caso, no te precipites en el tema del matrimonio.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s