Ruptura Amorosa: El Amor es Sordo

Publicado: febrero 11, 2011 en Ruptura Amorosa
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El amor es sordoTodos hemos escuchado aquella frase de “El amor es ciego”, en referencia a esa venda que el enamorado o la enamorada se pone en los ojos y que a menudo acaba pasándole factura, cuando la realidad se impone, en forma de una gran decepción amorosa. Hoy una amiga me ha enviado un email con un texto cuyo autor desconozco pero que me ha parecido muy lúcido y aporta una interesante interpretación, no exenta de humor, sobre el fracaso de las relaciones de pareja. Es un poco largo pero merece la pena, es una buena manera de reflexionar sobre los errores que cometemos cuando el amor no sólo nos ciega sino que nos hace oír únicamente lo que queremos oír.

No hay peor sordo que el que no quiere oír”, se suele decir. Y es increíble la enorme cantidad de gente que anda por el mundo creyendo que la verdad es lo que ellos quieren escuchar.

En lo que atañe a esta sordera voluntaria, hombres y mujeres corren parejos en número de afectados. Ambos sexos sufren este mal con igual intensidad, para desgracia de todos. Llamo “sordos voluntarios” a esas personas a las que se les está diciendo en la cara la verdad que ellos prefieren ignorar, y como no creen conveniente conocerla, directamente no la escuchan. Los sordos voluntarios tiñen cualquier comentario que se les haga de la intención que ellos le quieren dar, y son artistas tergiversando la realidad.

Esta gente les da de comer a los psicoanalistas, a quienes pagan exorbitantes sumas para que les digan lo que todo el mundo les dijo durante años, pero que ellos nunca quisieron escuchar. Ah, eso sí: si lo dice el psicoanalista, “es distinto…”. Aguzan el oído y pillan las observaciones más obvias del mundo, que sin embargo reciben con asombro y sorpresa.

Lo triste de ser un sordo voluntario es que uno no se da cuenta de que su infelicidad reside justamente en no querer escuchar las verdades que le despejarían el sendero de la vida, evitando así desperdiciar el tiempo en causas perdidas. Pero lo más triste de todo es que los sordos voluntarios son amantes muy desgraciados, como veremos.

Muchas mujeres no están en este momento en pleno idilio, armonía de pareja y/o felicidad conyugal. No casualmente, todas ellas padecen de este síndrome del oído autotaponado. Por ejemplo, tengo una amiga que sale con un tío de esos que ya no quieren estar casados con su mujer (invariablemente una pérfida bruja que sólo busca su dinero), pero que tampoco se decide a iniciar una nueva vida, mediante divorcio. Para ir al grano: lo único que pretende el señor en cuestión es tenerla a mi amiga como amante. Pero claro, no se lo puede confesar así, a rajatabla. Todo el mundo sabe que el título de “amante” no es nada codiciado por ninguna mujer. Y además, toda chica decente (e indecente) tarde o temprano busca formalizar (generalmente más temprano que tarde). Entonces, algo hay que decir para calmar a la esposa fiel escondida bajo la piel de una muchacha sexy y libre, que está esperando saltar a la superficie en cuanto él lo permita.

Para mantener a raya los impulsos formalizantes de su joven amiga, el hombre dice cosas tales como: “Algún día vamos a estar juntos para siempre”, “Eres lo más importante para mí” o “No puedo vivir sin ti”, que son puras mentiras. Pero como mi amiga quiere y necesita creerlas, se las cree inocentemente. Sucede, además, que él tampoco quiere ser una completa basura, un ser vil y traidor. También quiere tener la conciencia en paz de que no será él quien, a fuerza de engaños, le arruinará la vida a la muchacha enamorada que espera (absolutamente sola los fines de semana) a que él se decida a armar un futuro con ella.

Para no cargar con tantas culpas, él deja deslizar de vez en cuando en la conversación algunas frasecillas sueltas, como para poder decirle a ella el día de mañana algo tan odioso como: “Yo te lo había advertido”, “Yo nunca te engañé”, “Tú conocías perfectamente cuál era mi situación” o “Sabías en la que te metías cuando empezaste a salir conmigo”. Pero lo peor del caso es que la sorda voluntaria no escucha estas frases clave.

Veamos cuáles son estas frases. Por ejemplo, él le dice: “Yo a mi mujer no la quiero, pero ella me necesita”. La sorda sólo escucha: “Yo a mi mujer no la quiero”. Ahí desconecta el oído. ¡Y tal vez se pone contenta! Otra vez él le comenta: “Mis hijos son muy pequeños, jamás podría dejarlos… pero a ti te amo como jamás amé a nadie”, y la semisorda sólo registra la última parte de la frase. Incluso un día él le dice: “Con mi mujer decidimos intentar una reconciliación. Pero yo no quiero perderte, cielo”, y al cerebro de la que no quiere oír sólo llega: “No quiero perderte, cielo”. ¡Encima recuerda esa frase entre violines imaginarios mientras se derrite de amor por él durante el resto de la semana!

Las sordas son capaces de negar cualquier evidencia, y prefieren vivir en un mundo de ilusión antes que enfrentar la realidad.

Otra amiga mía estaba loca por un tío que no le prestaba ninguna atención, y que un día le dijo: “No te quiero como quisiera quererte. Tú te mereces lo mejor”. ¿Qué piensas que escuchó esta mujer sorda? ¡Escuchó: “Quisiera quererte” y “Te mereces lo mejor”! Y me decía, emocionada: “¿Te das cuenta de lo divino que es?”. Cualquier persona con los oídos bien puestos habría escuchado que, obviamente, el mensaje del tipo era: “No te quiero”. Así de simple.

Otro ejemplo: el novio (¿o ex?) de una amiga le pidió a ella una tregua en la relación “porque estoy muy mal conmigo mismo, así no puedo hacerte feliz”. Y ella, entendiendo que él quería hacerla feliz, lo llamó todos los días (ignorando el pedido de la tregua) “porque escucharlo me hace feliz” y para “ayudarlo porque me necesita, pobrecillo… Está muy mal sin mí”. Ella no entendía por qué él se hacía negar en el teléfono, por qué cuando atendía estaba tan seco y antipático, ni por qué él no la llamaba nunca. Y todo porque ella no quiso escuchar que entre tanto bla bla bla lo único real y cierto que él le dijo fue: “No puedo hacerte feliz”.

Está también el caso de quien le dijo a su novia: “Lo primero en mi vida es la música”. Y ahora, ya casada, ella se queja porque él se pasa todo el día detrás de la puerta, practicando con su instrumento a todo volumen. ¿Es que no escuchó nada?

Los hombres somos honestos.

Si agudizas el oído, en la primera cita, a los cinco minutos de haberlo conocido el chico seguramente te dirá algo así como: “Soy mujeriego, mentiroso y no tengo un centavo. Las relaciones con las mujeres me duran poco” / “Soy autoritario y celoso. Si mi novia mira a otro, la muelo a palos” / “No puedo estar con nadie que no se dedique entera a cuidarme como a un bebé”. Pero si tiene ojos dulces o manos suaves, lo juzgas más por si sus calcetines combinan con la camisa que por lo que cuenta de sí mismo. Y al poco tiempo, cuando esperas vuestro tercer hijo con él, te quieres matar porque compruebas que cada cosa que te dijo en esa primera cita era estrictamente cierta.

Las sordas voluntarias son infelices y no entienden por qué, en qué fallaron, qué es lo que no entendieron, qué pudo fallar en alguna parte de la historia. Es que si intentas explicarles qué falla en sus vidas, no te escuchan.

De ilusiones también vive el hombre, cuando escucha sólo lo que quiere escuchar y se amarga la vida gracias a su filtro auditivo.

Una le dice a un hombre que la seduce: “Yo sólo te quiero como amigo”, y él, como es un sordo voluntario, lo único que entiende es “te quiero”. Y hasta que una no le repita la frase completa veinticinco veces, en mal tono y del brazo de un barbudo de grandes bíceps que lo mira con impaciencia, el sordo no empieza a escuchar el resto de la frase. Si la hubiera apreciado en toda su extensión desde el principio (la primerísima vez que una se lo dijo) se hubiera ahorrado la muy previsible decepción y amargura. Y hubiera evitado que su propio corazón se hiciera pedazos.

Una quiere acabar de una vez por todas con una relación que ya carece de interés e incentivo (para una, pero no para él), y trata de hacerlo con algo de tacto, de una manera que sea lo menos dolorosa posible para el pobre infeliz. Entonces, una se inventa algo así como: “Estoy muy confundida. Claro que lo paso genial contigo, pero dame tiempo. Tratemos de no vernos. Necesito pensar las cosas”. Pero el sordo de turno desconecta su oído en forma tan selectiva y conveniente que sólo escucha: “Lo paso genial contigo. Dame. Tratemos. Necesito”. Y así sigue desvelándose por alguien que no quiere saber más nada de él.

Está el caso del tío cuya novia le anunció: “Para mí lo de ser ama de casa y tener hijos no va. Me sentiría presa”. Y después de casarse con ella, él vive llorándole al psicólogo la desgracia de tener una mujer que no quiere tener hijos y que además no está nunca en casa. Termina divorciado, deprimido… y sin llegar a entender cómo llegó adonde está, ni qué la hizo cambiar tanto a ella (que toda la vida le advirtió que era así).

Está la que le dice a un hombre: “Eres demasiado bueno para mí. Yo no te merezco”, y él no la escucha. Después no entiende cómo terminó casado con una mujer tan loca y perversa como ella.

Están los jovencitos que se enamoran de la señora mayor que les dice: “A mí me gustan los hombres maduros”. Y ellos piensan: “Un día seré maduro”.

Y están los vejetes que persiguen a una muchacha que les dijo: “Cómo me gustaría encontrar un tipo de mi edad que sea como tú”. Y ellos se derriten de ternura sin escuchar nada de nada. Escuchan lo que quieren, por eso son infelices.

No es bueno que el hombre esté sordo.

Hay hombres que se enamoran porque una les dijo: “Me fascinas, pero no te amo”, y ellos lo único que escucharon fue: “Me fascinas”.

Hay mujeres que se enamoran porque otro les dijo: “Claro que algún día pienso casarme y tener hijos. Pero ni loco lo haría ahora”. Y ella espera durante años que él cumpla con una promesa que jamás hizo.

Moraleja: ¡Abre los ojos! Que no hay verdades más grandes que las expuestas por una persona respecto a sí misma. Sobre todo si se trata de autocríticas. Hasta la gente que quiere mentir se equivoca, y cada dos por tres se le escapan verdades. Hasta los mismos chistes delatan el verdadero pensar del bromista. El mismísimo Freud descubrió la relación del chiste con el subconsciente. Un solo chiste espontáneo dice más de una persona que veinte discursos. Con más razón, entonces, si una persona no te quiere mentir ni engañar, podrías al menos escucharla. Y ahorrarte así más de una decepción amorosa.

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comentarios
  1. Estella dice:

    Hola. Me encontre con este sitio porque buscaba algo que me ayudara a sentir mejor y a entender lo que me paso. La verdad es que me causo un poco de risa (de mi misma) el leer algunos de los parráfos de tú escrito porque identifique algunas frases familiares.
    Tuve una relación de dos años y medio con un hombre que esta casado y él la termino ayer, entre las razones que me dio están que no somos compatibles, la diferencia de edades, sus hijos y que es por mi bien aunque me ame con todo su corazón. ¿Haría alguna diferencia para lo que siento tener la certeza de que me ama? Porque el saber que es muy probable que aunque alguna vez aseguro que se divorciaría realmente nunca penso en hacerlo de verdad tampoco hace que el dolor sea diferente o se sienta diferente. Simplemente esta.

  2. Carolina dice:

    Apenas comienzo la lectura. Decidí ir a lo más antiguo antes de ver lo más reciente. Creo que me va a ser útil, en especial por algo que acabo de comprender: si atraviesas el infierno y sales de él sin ningún aprendizaje, regresarás desnud@, descalz@ y cargando un bidel de gasolina… Quiero dejar de ser mi propia saboteadora…
    Gracias, este: muy bueno. Me sonreí muuuuuucho haciendo clic con aquellas frases en las que escuché sólo lo que me convino, y me acabo de auto proclamar “sorda voluntaria”….
    Saludos,

  3. POSITIVA dice:

    YO TAMBIÉN SOY OTRA SORDA VOLUNTARIA Y EN MI CASO PEOR…PRIMERO MI EX..PADRE DE MIS HIJOS Y AHORA 4 AÑOS DESPUÉS DE ROMPER CON MI EX, Y TRAS 8 MESES DE RELACIÓN CON EL QUE CREÍ QUE SI SERÍA MI PAREJA PERFECTA ,TB ROMPÍ TODO.
    EN MI FAVOR DIRÉ QUE DE LA PRIMERA APRENDÍ QUE NO SE PUEDE SER TAN SORDA Y EN ESTA SEGUNDA FUÍ CAPAZ DE SER YO, LA QUE PENSÓ QUE PRONTO IBA A NECESITAR AUDÍFONOS POR DECIR ALGO GRACIOSO Y NO ERA PLAN……ASÍ QUE…CHICAS AUNQUE A LECHUGONES SE APRENDE OS LO DIGO YO………CON EL PRIMERO FUÉ ALGO CASI CONSENSUADO,CON ESTE HE SIDO YO E IGUAL ME EQUIVOCO….PERO HIJA UNA YA NO SABE COMO ACERTAR…ASÍ QUE EL RESQUEMOR DE FALLAR DE NUEVO TE HACER ESTAR MÁS ATENTA…..ÁNIMO DE TODO SE SALE CON EL PRIMERO YA LO APRENDÍ……BS..Y MIRA QUE LLORÉ…JA.

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