Posts etiquetados ‘reconciliacion’

ruptura con hijosCuanto más fuerte es el vínculo entre los amantes, más difícil es tragar el elixir amargo de la separación. Si al vínculo del amor se añaden otros lazos que comprometen todavía más la relación de pareja, la situación puede volverse verdaderamente complicada cuando el amor muere y se impone la ruptura. Entre esos condicionantes destacan dos, que son el matrimonio y / o la descendencia. Evidentemente el fracaso de un noviazgo o de una convivencia de hecho no tiene por qué ser menos doloroso que el fin de un matrimonio civil o religioso; pero el matrimonio tiene además unas consecuencias legales que, en el caso de su disolución, a menudo hay que afrontar en circunstancias de tormento psicológico, un tormento que puede agravarse en aquellas personas que pasaron por la Iglesia motivadas por una fuerte convicción religiosa o simplemente empujadas por convenciones y presiones sociales. Si hay hijos (con o sin matrimonio), el problema adquiere una dimensión todavía mayor tanto por los aspectos legales que atañen a éstos como por trascender la dualidad de la pareja.

En el último caso, es frecuente que uno o ambos padres se esfuercen por evitar a toda costa la separación o el divorcio, la mayoría de las veces por un deseo sincero de proteger a los hijos y no ocasionarles un trauma (un deseo que no es incompatible con otras preocupaciones, como el miedo a perder su custodia o a tener que pasar una cuantiosa pensión al ex cónyuge que, con razón o sin ella, obtiene el veredicto favorable de un juez). Los interrogantes que asaltan la paz y la conciencia en esa angustiosa tesitura pueden llegar a ser legión. He aquí algunos ejemplos: ¿Perderé a mis hijos y ya no podré volver a verlos? ¿Cómo le digo a mi pequeño que papá y mamá ya no pueden seguir viviendo bajo el mismo techo, cómo va a reaccionar y qué consecuencias va a tener para su futuro? ¿Qué van a pensar mis padres? ¿Con qué cara llevo a la niña al colegio y qué les contesto a los padres de sus amiguitos si me preguntan por su papá? ¿Cómo hago para criar yo sola al bebé si el xxxxx de su padre se desentiende de su responsabilidad para irse a vivir con su amante? ¿De dónde saco el dinero para pasarle una pensión a esta arpía que me quiere quitar a mis hijos, si estoy en el paro y ni siquiera cobro un subsidio? ¿Estoy pecando, yo que juré en el altar con Dios por testigo “en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte nos separe”? Ya no le amo pero está nuestro hijo… ¿Soy egoísta por querer divorciarme?

Docenas de interrogantes, verdaderamente. Miedo al futuro, al desamparo de los hijos, a perderlos, al que dirán, al menoscabo económico, al castigo de Dios… Todos miedos comprensibles, respetables, profusos como las gotas de lluvia en una tormenta. Lacerantes y torturadores. Pero volvamos a la pregunta que encabeza este post: ¿Debo salvar el matrimonio por mis hijos? La respuesta puede sorprenderte e incluso perturbarte, pero es… ¡NO! Si te has hecho esta pregunta alguna vez, debo decirte que la única razón por la que debes plantearte si todavía es posible salvar tu matrimonio, en el supuesto de que tú y tu cónyuge estéis atravesando una seria crisis, es el AMOR entre vosotros. Si existe una mínima posibilidad de salvar ese amor, te animo aquí y ahora a luchar por él con todas tus fuerzas; pero si está algo más que marchito, si está definitiva e irreparablemente MUERTO, deja de esgrimir a tus hijos como excusa para no afrontar este hecho. Cuando decides que lo mejor es sacrificarte “por su bien”, te estás engañando. No es el caso, repito, si todavía hay lugar para la esperanza de una SINCERA reconciliación. Pero sí lo es si el sacrificio consiste en fingir que no pasa nada cuando pasa, en dormir en la misma cama con una persona que te hace sentir mal o incluso te hace daño, en mantener un falso estatus de felicidad sólo para evitar habladurías y comentarios maliciosos. Si eres creyente te pregunto: ¿tú crees que Dios bendecería una farsa como ésta? ¿Tú de verdad crees que Dios desea que aguantes “en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte os separe” a alguien a quien ya no amas o que no te ama? El fundamento de esa promesa, de ese compromiso “eterno” es el AMOR. Y si el amor ya no existe, por una de las partes o por ambas, ese compromiso deja de tener razón de existir y por tanto validez e incluso refrendo divino. Porque Dios es Verdad, no Mentira ni Simulación. Y si no eres creyente, al menos creerás en la honestidad como fuente del bien y en su contrario como causa de males. Y tú lo que deseas para tus hijos es el bien, ¿cierto?

Entonces no te engañes. Si prolongas una situación de infelicidad por “el bienestar de tus hijos”, tarde o temprano ellos acabarán detectando esa infelicidad y haciéndola suya, porque papá y mamá no se quieren, sólo se toleran. O ni eso: están juntos pero no sonríen, están cerca pero están lejos. Conviven bajo el mismo techo y duermen en la misma cama, pero NO SE AMAN. Más tarde o más pronto se darán cuenta, porque son pequeños pero no son tontos. Y si no son pequeños, o crecen y maduran, lo verán aún con más claridad. Y algunos de ellos rechazarán (consciente o inconscientemente) esa falta de transparencia y honestidad; otros simplemente la reproducirán y puede que acaben siendo tan infelices como tú lo eres ahora, ahogados en un mundo falso y limitado por convenciones que asfixian la libertad personal y malogran el coraje de ser uno mismo.

¿Qué te preocupa? ¿Que acaben traumatizados? Si tú y tu ex sois capaces de resolver vuestras diferencias de una forma amistosa o al menos civilizada, ¿dónde está el trauma? ¿Te preocupa perder la custodia? En ese caso permíteme aclararte que la custodia y la patria potestad son dos conceptos distintos, puede que un juez determine que tu ex cónyuge es quien debe cuidar de vuestros hijos, pero eso no implicará la pérdida de tu patria potestad (tu reconocimiento legal y moral como padre o madre de ellos) ni te negará un régimen de visitas, salvo que hayas cometido alguna clase de abuso o delito que te prive de él (supuesto que doy por hecho no es el tuyo). ¿Temes perder alguna clase de “influencia” porque se limitará el tiempo que pases con ellos? Destierra ese temor si te consideras un buen padre o una buena madre, la afectividad no depende de la cantidad del tiempo compartido sino de la calidad de ese tiempo, y si tú haces tus deberes tu hijo o tus hijos no se alejarán de ti porque pases más o menos horas con ellos. Pocas o muchas, su respuesta (y agradecimiento) dependerá del valor del recuerdo, de la felicidad de la experiencia común. Y en virtud de este recuerdo, conforme se vayan haciendo mayores y madurando, te devolverán lo que les des.

No, no debes salvar el matrimonio por tus hijos. Debes amarlos y protegerlos, pero no estarás en condiciones de hacerlo si te obstinas en hacer flotar un barco que se hunde y consientes en que la convivencia con tu pareja (de hecho o de derecho) se limite a un acuerdo frío y calculado, sin verdadero amor, o lo que es aún peor, a una sucesión de desencuentros y tensiones propiciados por una relación forzada y forzosa.

La autenticidad exige valor. Pero la apuesta por la verdad es siempre una apuesta ganadora, a corto o largo plazo. Atrévete y gana… Por ti y por tus hijos.

José M. Guillén

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Superar una RupturaHoy voy a hablar de las ex parejas que se convierten en una especie de pesadilla por no aceptar la realidad de una separación o divorcio. Hoy vamos a observar y analizar la situación de una ruptura amorosa no desde el punto de vista del que se siente abandonado, sino del que toma la decisión de dar por terminada la relación y a partir de ese momento empieza a sufrir el acoso psicológico, el chantaje emocional, de la que otrora fue su pareja. ¿Qué hacer? ¿Cómo reaccionar, especialmente cuando tu ex se niega a aceptar todas las buenas razones que puedas darle y todos tus intentos por acabar la relación de una manera amistosa y sensata?

El desgaste psíquico puede ser enorme y la sensación de acoso puede llegar a ser asfixiante. Voy a ilustrarlo con un caso real, que por supuesto dejaré en el anonimato: Juan abandona el hogar por los motivos que sean y tiene dos relaciones extramatrimoniales sucesivas por falta de una. Elsa está desesperada porque aún quiere a Juan y está dispuesta a perdonarle todo con tal de que Juan vuelva a casa junto a ella. Pero él no contesta a sus constantes llamadas y mensajes o lo hace de mal humor, incluso a veces le dice a Elsa que le deje en paz e intente rehacer su vida con otra persona porque él ya no la ama y está perdiendo el tiempo y poniéndoselo difícil. Pasa un año entero, siguen separados pero todavía no han dado el paso del divorcio. Elsa se siente muy sola, el dolor le abrasa el corazón y acaba encontrando respeto y consuelo en otro hombre. Con el tiempo empieza a sentir amor por ese nuevo hombre que ha aparecido en su vida, todavía siente algo por Juan pero también sabe que Juan no quiere saber nada de ella y se impone la necesidad de apostar por su propia felicidad y su futuro. Al final Elsa se arma de valor y decide darlo todo por esa nueva relación que la hace feliz y le da un sentido a su vida, por ese hombre que la trata bien y sabe amarla y comprenderla.

Un día Elsa le comunica a Juan que quiere el divorcio. La separación se ha prolongado durante dos años y Juan parece estar cómodo así. Durante el último año a Juan no le han ido bien las cosas con sus escarceos amorosos, las relaciones no han prosperado. Juan empieza a sentir cierta nostalgia del pasado, a valorar cosas que en su día no supo o no quiso apreciar. Ahora es Juan el que insinúa la posibilidad de una reconciliación, el que (si la pareja tiene hijos) esgrime el bienestar de los niños como una razón de peso para olvidar infidelidades pasadas y recuperar la unidad familiar. Pero ya es tarde, Elsa está profundamente enamorada y, aunque amó con toda su alma a Juan, ya sólo quiere ser libre y darse una segunda oportunidad. Entonces Juan empieza a ponerse irracional y desagradable, ahora es él quien llama y deja mensajes en el móvil. Ahora es Juan quien empieza a hacer reproches, o quien llora desconsoladamente y asume el papel de víctima haciendo que Elsa, una mujer sensible y compasiva, se sienta una persona culpable y poco menos que adúltera. Juan ha tirado demasiado de la cuerda y la ha roto, ahora quiere enmendarla torpemente y no concibe que sea su mujer la que pida el divorcio. Se han invertido los papeles y Juan no puede aceptarlo.

Es un caso cien por cien real pero también es sólo un ejemplo. Pongo la mano en el fuego que más de uno (o una) se sentirá identificado (identificada) con esta historia. Siempre intento evitar el maniqueísmo, salvo contadas excepciones no hay buenos ni malos en los relatos de amor y desamor. Sí hay personas inmaduras o egoístas, o simplemente equivocadas, pero no malvados de película. Y sin embargo… ¡es tan grande el daño que puede hacerse!

Si has decidido dar por zanjada una relación y tienes razones para dar este paso, mantente firme en tu postura y no cedas al chantaje emocional, que a menudo es el fruto de la desesperación de tu pareja pero también, a veces, es un acto de manipulación disfrazado de desamparo y victimismo. Especialmente si tienes hijos, no dejes que nadie los utilice como un instrumento de ese chantaje sentimental que, si cedes a él, puede hipotecar el resto de tu vida y malograr tu felicidad. A los niños hay que protegerlos y buscar su mayor bienestar, pero no confundas la relación con tus hijos (vertical, si la representáramos en un gráfico) con la relación con el padre o la madre de ellos (horizontal, en ese mismo gráfico).

Cuando la ex pareja se obstina en negar la realidad de una ruptura (la realidad y la necesidad), las consecuencias de su sinrazón pueden llegar a ser extremadamente desagradables, además de prolongar innecesariamente una situación ya de por sí delicada y dolorosa para ambas partes (la que “abandona” y la “abandonada”). En semejante circunstancia sólo puedes hacer una cosa: examínate, mira en tu interior olvidándote de etiquetas y prejuicios sociales, y sobre todo del qué dirán, y si llegas a la conclusión de que tus razones son válidas y tus sentimientos puros… ¡ten el coraje de seguir adelante, por duro que sea! No permitas que las dificultades del proceso te hagan dudar o anulen tu voluntad. Concentra toda tu atención en el fin de ese proceso, en el desenlace. Piensa que, si obras con amor y sinceridad, Dios te bendecirá aunque tu ex pareja te maldiga.

José M. Guillén

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El amor es sordoTodos hemos escuchado aquella frase de “El amor es ciego”, en referencia a esa venda que el enamorado o la enamorada se pone en los ojos y que a menudo acaba pasándole factura, cuando la realidad se impone, en forma de una gran decepción amorosa. Hoy una amiga me ha enviado un email con un texto cuyo autor desconozco pero que me ha parecido muy lúcido y aporta una interesante interpretación, no exenta de humor, sobre el fracaso de las relaciones de pareja. Es un poco largo pero merece la pena, es una buena manera de reflexionar sobre los errores que cometemos cuando el amor no sólo nos ciega sino que nos hace oír únicamente lo que queremos oír. (más…)

Superar una rupturaCuando tu pareja te abandona, una de las primeras reacciones es el desconcierto. Sencillamente no te puedes creer lo que te está pasando, algo dentro de ti es incapaz de admitir que la persona a la que amas y que creías que correspondía a tu amor haya tomado la decisión de alejarse de ti… para siempre. (más…)

Ser abandonados por nuestra pareja ya es una experiencia bastante traumática. Hay personas que tardan meses en superarlo, otras necesitan años. Hay más gente de la que pensamos que no llega a superarlo del todo. En el mundo de la pareja, ¿puede haber algo peor que escuchar en los labios de la persona a la que amas “hemos terminado”? ¿Algo peor que el lapso que viene después de la ruptura, el dolor de la pérdida y el esfuerzo por intentar recomponer los pedacitos del corazón? Pues sí, puede haber algo peor… Que cuando tú ya te has mentalizado y has empezado a vivir una nueva vida, él o ella llame un día a tu puerta diciendo que quiere volver. En este artículo te diré lo que tienes que hacer.

El que voy a contar es un caso real pero por razones obvias los nombres son ficticios. (más…)